La conmemoración este jueves 1 de octubre de 2026 del Día Internacional de las Personas Mayores adquiere en Ferrol una dimensión crítica y apremiante. Lejos de ser una efeméride abstracta, nuestra ciudad —marcada por una tasa de envejecimiento alta— se sitúa en la vanguardia de un cambio demográfico estructural. Bajo el lema global de este año, «Nos jubilamos del trabajo, no de la vida», la comunidad ferrolana tiene la obligación moral y política de liderar el diseño de un modelo de mayor convivencia urbana e institucional.
Garantizar un envejecimiento activo, digno y saludable ya no es una opción de futuro para Ferrol; es una urgencia del presente. La experiencia acumulada por nuestros mayores es el mayor activo de resiliencia comunitaria con el que contamos. Sin embargo, para que esa veteranía se traduzca en calidad de vida, los entornos deben transformarse. Resulta indispensable adaptar las infraestructuras locales, combatir de forma decidida la soledad no deseada en nuestros barrios y asegurar que espacios clave de dinamización y encuentro —como los programas desarrollados en algunas sedes de entidades sociales o de asociaciones de vecinales— cuenten con el respaldo y la visibilidad que merecen.
Reivindicar el papel de los mayores en el Ferrol de hoy implica desterrar definitivamente el edadismo y el paternalismo. No son sujetos pasivos del declive industrial o demográfico; son ciudadanos de pleno derecho que exigen y merecen autonomía, entornos urbanos accesibles y una digitalización inclusiva que no los deje atrás en los trámites más cotidianos.
Escuchar su voz y propiciar un verdadero relevo intergeneracional no es un acto de cortesía; es la única vía para garantizar la cohesión social de nuestra urbe. Que las demandas de este 1 de octubre marquen la hoja de ruta de los presupuestos y las políticas locales para los próximos 365 días.