
Sara Méndez | Me encantaría escribir este artículo dejando la rabia a un lado, siendo lo más flexible posible y entendiendo por qué nuestra realidad se está viendo agitada por grupos de niños y niñas que gritan con brazo en alto y banderita atada al cuello “esto con Franco no pasaba”.
Está claro, y creo profundamente que estos jóvenes viven en la absoluta, infeliz y radical ignorancia, pues no creo que nadie en sus plenos cabales, habiendo cogido un libro de historia o incluso viendo una película que retrate la crueldad del momento pueda decir semejante barbaridad.
Supongo que no, supongo que antes no pasaba.
No podías salir a la calle a manifestarte sin recibir un balazo en la sien, no podías crearte una cuenta bancaria sin la autorización de tu marido, en esos momentos tu dueño. ¿Para aquellos que predicáis que sí, estáis seguros de que vivimos en una dictadura?
¿Qué se supone que nos está pasando?, ¿qué pensarán aquellos que pasaron por esos momentos que aún hoy en día recuerdan con agonía? Señores, no es la derecha o la izquierda, se trata de que nuestros derechos humanos se vean vulnerados.
Estoy cansada de pasar historias de Instagram llenas de discursos ultraderechistas que apoyan a un señor que textualmente busca: acabar con las cuotas de género, derogar la ley trans, la del aborto y la de eutanasia, entre muchas otras cosas que frenan el avance de años de lucha y normalización.
Pero obviamente que no son machistas pues obviamente “una mujer puede hacerlo CASI igual que hombre” y este artículo “podría entenderlo hasta una señora de letras”.
Lo peor de todo es que mientras unos cantan el “Cara el sol” otros aún tienen que defender estos derechos y ¿qué es lo que se encuentran?, una fuerza policial desproporcionada e injustificable, o un grito que entonan al ritmo de: “rojo muerto abono pa mi huerto” ¿En qué momento una manifestación se ha convertido en un campo de batalla?
El derecho a manifestarse es la base de cualquier democracia y silenciar ese derecho sólo nos traslada a una realidad antigua, fascista y radicalizada. ¿Por qué hemos empezado a temer perder nuestros derechos y ya los tratamos como privilegios que sabemos que pueden desaparecer en cualquier momento?
Esto no es un pulso a los que piensen diferente a mí, simplemente y como me encanta recordar, no olvidemos que hubo muchas personas que perdieron su libertad, su voz y no pudieron escribir la historia de su propio futuro.
Me encantaría saber cómo una juventud puede añorar una DICTADURA que no ha vivido, cuestionando y siendo hipócrita con los derechos que SÍ disfruta. Supongo que nunca he estado tan de acuerdo: quien no conoce la historia está destinado a repetirla.
Por eso, y después de contenerme a responder muchas de las historias de Instagram que veo todos los días, escribo esto con rabia, pero también, con memoria, una memoria histórica que sigue presente en todas aquellas personas que SÍ han pasado esa época, que conocen la frialdad de la dictadura, del silencio, de la sumisión y de todos los cuerpos que aún están enterrados bajo los campos.
Sed rebeldes, la rebeldía también es la base de la libertad.
