Vandalismo político en Ferrol

por Enrique Barrera

Enrique Barrera Beitia | En Ferrol, la sede de los socialistas, la que comparten Esquerda Unida y el Partido Comunista, la de la Cruz Roja y el local de la asociación cultural Artabria han sido objeto de ataques vandálicos a cargo de la extrema derecha. Asimismo, militantes de partidos de izquierda, como Celso Posada o Suso Basterrechea, han sido amenazados verbalmente.

Cuando los líderes nacionales de la derecha y de la extrema derecha agreden verbalmente a sus rivales políticos, sus seguidores terminan imitándolos; y ya sabemos que la agresividad verbal antecede a la física. Recordemos que el propio presidente del Gobierno fue agredido en Paiporta con el lanzamiento de un palo, y que semejante hecho fue celebrado de manera jocosa por amplios sectores de la oposición política y por determinados medios. Con motivo del intento de linchamiento a los ocupantes de un vehículo a cargo de una turba de ceutíes -que creyeron que eran miembros de una ONG vasca-, he leído comentarios en las redes sociales de ferrolanos y ferrolanas que justificaban esta agresión.

La actual arquitectura institucional de España se fraguó consensuadamente entre la muerte del dictador Franco, en noviembre de 1975, y la aprobación de la Constitución, en diciembre de 1978. En estos 36 meses, en las mesas de debate abiertas a la ciudadanía y en los debates institucionales se guardaban las formas mucho más que hoy en día.

Salvando las distancias en el tiempo, sigue vigente buena parte del análisis de Wilhelm Reich sobre la psicología de masas del fascismo: la represión de los impulsos biológicos y sexuales del individuo mediante una propaganda simplista y visual, y el deseo de descargar violentamente su odio contra uno o varios chivos expiatorios, debido a que solo son sumisos ante los poderosos.

Esta ola de violenta irracionalidad no puede ser combatida únicamente con buenos datos económicos ni con argumentos elaborados. Por eso no debe extrañar que la respuesta más contundente contra la extrema derecha en España proceda de una movilización a favor de viviendas asequibles; es decir, un impulso emocional canalizado por el Sindicato de Inquilinas, del que pocos habían oído hablar. La extrema derecha no podía liderar esta protesta porque, para hacerlo, hubiera tenido que enfrentarse a los fondos buitre y a los especuladores.

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