De casas y hogares

por Niko Sánchez

Niko Sánchez | Últimamente se habla mucho de casas. Y con razón, porque encontrar una vivienda que uno pueda pagar sin hipotecar hasta las ganas de vivir se está convirtiendo en algo imposible. Pero hoy voy a hablar de otra cosa: de hogares. Que una cosa es tener un sitio donde vivir y otra, bastante distinta, sentirse en casa.

He pasado unos días con amigos de los de toda la vida y sus familias. Hemos conocido sitios nuevos, repetido otros, desayunado en pijama y arreglado el mundo antes del segundo café. Lo habitual: uno se junta con los amigos, arregla cuatro problemas de la humanidad y vuelve a casa sin haber solucionado ni uno.

Pero vuelve con la sensación de haber estado en casa sin estar en la suya.

Hay sitios en los que basta dejar la mochila en un rincón y sentarse a desayunar para sentirse cómodo. No tienes que medir lo que dices ni esforzarte por caer bien. Puedes ser tú, con tus manías y tus días torcidos. Los amigos de verdad te aguantan incluso cuando no estás para que te aguante nadie.

Con los años uno descubre que la familia no siempre viene de serie. Hay vínculos que vienen dados y otros que se construyen con el tiempo, con las cosas compartidas y con esas ganas de volver a verse que sobreviven a la distancia y a las agendas. Al final, no hace falta compartir apellidos para sentirse familia.

Y qué fácil es dejar pasar el tiempo. Siempre tenemos algo que hacer, algo pendiente o una buena razón para aplazar una quedada. Hasta que volvemos a juntarnos y parece que nos vimos ayer. Menos mal que algunas cosas siguen en su sitio, aunque nosotros vayamos acumulando kilómetros y achaques.

Quizá por eso me cuesta entender esa afición que tenemos a convertir cualquier diferencia en un motivo para enfrentarnos. Entre la política, las redes y las ganas de tener siempre razón, parece que necesitamos estar en un bando hasta para tomar una caña. Y no. No hace falta pensar igual para compartir mesa. Bastante tenemos con lo nuestro como para buscar enemigos por afición.

Casas hacen falta, y encontrar una se está poniendo imposible para demasiada gente. Pero un hogar no se encuentra en un anuncio ni se consigue firmando una escritura. A veces lo encuentras lejos de tu casa, sentado a una mesa que no es la tuya, con gente que te hace sentir como si lo fuera.

Por cierto, Paulita ha vuelto a jugar con mi Tinder. A este paso, voy a tener que dejar mi vida sentimental en sus manos. Visto lo visto, tampoco es que yo esté haciendo un trabajo brillante. 😂

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