El Recuncho Kanalla: Fauna Ferrolana. El Puto Amo

por Niko Sánchez

Hay que hacerle un apartado solo para él porque ejemplares de este tipo aparecen cada mucho tiempo. No es una especie especialmente abundante y sería injusto meterlo en alguno de los cajones habituales de esta fauna. Podría encajar en varios, sí, pero tiene demasiadas particularidades como para despacharlo con una simple etiqueta. Este va por libre. No necesita manada. Puede tener comparsa, claro, pero el espectáculo se lo monta él solito. Le pones un pitillo, un teclado y que sean más de las doce de la noche y ya tienes función.

Es un dandi desgarbado, de pelo a su aire, pitillo en la boca y esa pinta de rebelde sin causa que, en otra época, le habría permitido disputarle el papel al mismísimo James Dean. Solo que a James Dean le tocó Hollywood y a él le tocó Ferrol, una concejalía y bastante más margen para hacer el indio.

Fue concejal de Cultura y dejó el listón alto. Después llegó otro. Y, contra lo que pudiera sugerir su apellido, no dio ni «Golpe». Después de él, cualquier concejal de Cultura tenía un problema: ser el siguiente.

Y es que en política ha dejado algunos momentos que ya quisieran para ellos muchos de los grandes mandatarios actuales. Lo de quedarse dormido en un pleno, por ejemplo, tiene su mérito. Dormirse en un pleno municipal no es simplemente echar una tocadita: es confiar muchísimo en que la democracia puede seguir funcionando perfectamente mientras uno se toma un descanso. Hay gente que se duerme en una reunión y luego intenta disimular. Él, por lo visto, entendió que si aquello era público tampoco había necesidad de esconderse demasiado.

Y lo de la bañera. La puta bañera.

Este hombre, siendo concejal, se hizo una foto fumando en una bañera del Ayuntamiento. No en su casa. No en un hotel. No en un balneario con cuatro velas y una copa de champán. En el Ayuntamiento.

Hay que tener una confianza en uno mismo importante para meterse en una bañera municipal, encenderse un cigarro y pensar: «Sí, esto hay que fotografiarlo». Y fotografiarlo, vaya si se fotografió. La foto existe. Y desde entonces uno ya no sabe muy bien si aquello era una sesión de gobierno, una performance o que aquel día el baño estaba libre. Pero reconozcámoslo: para hacerse una foto así hay que tenerlos muy gordos. Y eso, al Puto Amo, nunca le ha faltado.

Luego están las redes, que son su hábitat natural cuando cae la noche y la gente sensata empieza a pensar en dormir. Ahí es donde despliega todo su repertorio: escribe por impulso, dispara a diestro y siniestro con esa lengua afilada suya y no parece tener demasiado interés en comprobar si lo que acaba de publicar le puede traer alguna consecuencia. Total, ya se verá mañana. Y mañana, si hace falta, se vuelve a escribir otra cosa. Pero recular, lo que se dice recular, no recula jamás.

Eso sí, tiene una curiosa manera de entender la libertad de expresión. Él puede decir lo que quiera, faltaría más. Ahora bien, cuando alguien le contesta, de repente la cosa cambia y aparece el respeto, la educación y toda esa colección de palabras que hasta entonces parecían estar de vacaciones. Es una particular forma de entender el debate: uno dispara y el otro, si quiere, que admire el paisaje.

Y ahí sigue, normalmente a deshoras, escribiendo como quien tiene una conversación consigo mismo pero con público. Porque lo suyo no es tanto discutir como dejar constancia de que ha pasado por allí. Y cuando alguien entra al trapo, ya tiene tema para otra noche. Es un mecanismo bastante bien engrasado: él escribe, alguien responde, él contesta, alguien se enfada, él vuelve a escribir y cuando parece que la cosa ya no puede dar más de sí… todavía encuentra una vuelta.

También tiene esa contradicción tan suya de parecer permanentemente dispuesto a llevarle la contraria al mundo y, al mismo tiempo, conservar sus pequeñas devociones privadas. Como su madridismo, que parece llevar con una discreción casi clandestina, quizá porque uno puede permitirse muchas extravagancias, pero tampoco hay que abusar.

Y eso es, más o menos, el Puto Amo: artista, profesor, dandi desgarbado, fumador de bañera, dormilón de pleno, polemista nocturno y hombre de costumbres poco compatibles con la vida aburrida. Un ejemplar raro, de los que aparecen cada mucho tiempo y obligan a ampliar un poco el catálogo. Porque hay gente que pasa por los sitios y deja un recuerdo. Y luego están los que dejan un legado con forma de bañera.

Ahora bien, tampoco nos vamos a quedar con la caricatura. Sus alumnos lo adoran y quienes lo conocen de verdad hablan de un tipo justo y comprometido a su manera. A mí, además, me gusta un poco. Me gusta su forma de hacer las cosas, me gusta su arte y, aunque después de todo lo escrito pueda parecer raro, también le tengo cierta simpatía. Pero eso, como su madridismo, ya pertenece a mi intimidad.

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