El Recuncho Kanalla: Los Viejos Glorias

por Niko Sánchez

En Ferrol hay una especie que se resiste al paso del tiempo. Tienen entre 50 y 65 años, pero mentalmente siguen viviendo en algún momento entre 1990 y 1994.

Son los Viejos Glorias.

Su hábitat cambia con las estaciones. En invierno, la especie se concentra por Dolores y Magdalena, entrando y saliendo de los locales de moda con una confianza que no parece corresponderse demasiado con su edad. No juegan al pádel porque cuesta dinero y, además, hay que reservar pista.

Ellos son más de noche.

Y la noche la disfrutan en grupo. Rara vez se les ve solos. Aparecen varios, ocupan la barra y empiezan a estudiar el ecosistema. No se sabe muy bien qué buscan, pero llevan años haciéndolo.

Cuando las discotecas de Amboage echan el cierre, comienza la retirada. Algunos regresan a casa. Otros prolongan la noche arrastrando tras de sí los últimos restos de una libido de pastilla azul.

Con la llegada del buen tiempo, la especie cambia de territorio. Emigra hacia los chiringuitos de las playas de Doniños y los locales de moda de Cobas. Allí recuperan buena parte de su hábitat natural y vuelven a sentirse, durante unos meses, como en sus mejores tiempos.

Su época dorada fueron las discotecas de principios de los noventa. Algunos fueron viejas glorias del deporte aficionado de la comarca. Otros fueron camareros, DJ o porteros de discoteca. Y otros, simplemente, tipos con bastante presencia en aquella noche. Todos tienen alguna historia de aquella época y, curiosamente, en todas salen bastante mejor de lo que probablemente salieron en realidad.

Son vividores de presupuesto ajustado. No les gusta pagar entradas, las copas caras les parecen un atraco y conocen perfectamente los bares donde con un par de consumiciones y unos buenos pinchos se puede hacer prácticamente la cena.

Porque gastar, lo que se dice gastar, gastan poco.

Son cutres con método.

Para cenar, yogur natural.

El yogur natural es fundamental.

Hay que mantener el tipo.

Porque los Viejos Glorias todavía se consideran depredadores.

Y a la hora de depredar les importa bastante poco quién sea la presa. Lo mismo babean con la hija de un amigo que con una viuda. Si respira y les devuelve la mirada, ya hay partido.

Pero tienen sus preferencias.

La recién separada cotiza al alza.

Cualquier recién separada puede ver de pronto en una hiena salivante un oasis donde solo hay un señor de sesenta y tantos en chanclas.

El problema es que las mujeres también tienen memoria y saben reconocer un fósil cuando lo ven.

El Viejo Gloria puede seguir sintiéndose irresistible, pero el mercado ha cambiado.

Antes era él quien elegía presa. Ahora, como buen buitre de pluma vieja, le toca esperar las sobras que dejan los más jóvenes y lozanos.

Las mujeres, mientras tanto, saben perfectamente lo que tienen delante y suelen esquivar las embestidas con bastante inteligencia y, sobre todo, con sentido del humor. Porque tampoco hace falta tomarse demasiado en serio a un señor que lleva más de 30 años creyéndose irresistible.

Ellos tampoco se preocupan demasiado.

Neurona, las justas. Confianza, toda.

Una sonrisa es una señal. Una conversación, química. Un «ya nos vemos» puede dar para comentar la jugada durante varios días.

Porque el Viejo Gloria puede tener 60 años, pero sigue teniendo dentro aquel chaval de la discoteca de 1992 que entraba gratis porque conocía al portero y al que, según cuenta, conocía media noche ferrolana.

En realidad son como un perro anciano que localiza un cojín y, por un instante, vuelve a sentirse semental.

Los Viejos Glorias apenas han madurado.

Pero sí han envejecido.

Y tampoco es lo mismo.

Así que seguirán en la noche, en la playa y en las terrazas, recordando tiempos mejores, gastando lo justo y esperando que la noche vuelva a ponerse de su parte.

Mientras tanto, mañana toca yogur.

Natural.

Hay que mantener el tipo.

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