
Enrique Barrera Beitia | Les confieso que, antes del desalojo de Mari Carmen Abascal Martín, estaba firmemente convencido de que las elecciones legislativas se celebrarían en la segunda mitad de 2027. Pensaba que Pedro Sánchez buscaba tiempo, no solo para cerrar las causas judiciales que afectan a su mujer, a su hermano y al fiscal general, sino también para obtener datos fiables sobre una posible quinta columna española implicada en los sucesos de Ceuta. Un mal panorama, porque nada garantizaba que el calendario electoral se ajustara a los intereses del gobierno y, desde luego, no había ninguna garantía de que pasara algo que abriera una ventana de oportunidades para Pedro Sánchez… hasta que llegó el desahucio.
¿Hasta que punto puede influir el efecto “Mari Carmen”? Los votantes de derecha estaban mucho más movilizados, ya que 10.300.000 personas ya habían decidido su voto, y sólo 600.000 dudaban entre PP y Vox. En la izquierda estatal, excluyendo a los partidos nacionalistas -cuya fidelidad de voto es muy alta-, la movilización era mucho menor: casi 8.000.000 tenían decidido el voto y, nada más y nada menos que 2.000.000, manifestaban dudas entre votar o abstenerse. Las encuestadoras daban por descontado que la mayor parte de esa masa de votantes desencantados de la izquierda se quedaría en casa; por eso otorgaban al bloque de derechas una ventaja superior a los diez puntos.
Sin embargo, es indudable que este suceso va a tener un gran impacto. El precio de la vivienda es la mayor preocupación de los españoles, como indican los datos brutos de la última encuesta del CIS. Es poco probable que el gobierno logre que se hable mucho en la campaña de la buena marcha de la economía, pero tampoco está asegurado que Ceuta y las causas judiciales mantengan su peso en la narrativa política. Se hablará, y mucho, de la vivienda, un debate donde la izquierda se siente cómoda porque la culpabilidad atribuida a los especuladores es transversal.
Si la movilización de la izquierda es exitosa y la fidelidad de la derecha se resiente, aunque sea levemente, los números pueden ser favorables a Pedro Sánchez, pero el verdadero problema es si los partidos que vertebraron el espacio Sumar serán capaces de llegar a unos acuerdos razonablemente inteligentes desde el punto de vista electoral. En cualquier caso, la llamada al voto útil será brutal, especialmente en las provincias donde Sumar (o como se denomine) no tiene ninguna posibilidad.
