Yo la veterana y tú el novato

por Sara Méndez

Sara Méndez | Una maleta llena, una despedida con lágrimas en los ojos, una estación de tren colapsada, una nueva ciudad que conocer, estudiantes que cargan con su vida metida en una caja de cartón y cuatro años de carrera que se pueden convertir en seis u ocho.

Los estudiantes llenan de nuevo las ciudades universitarias como Santiago de Compostela. Para muchos, es simplemente un retorno, un nuevo curso y mil fiestas más que les esperan en las mismas discotecas en las que ya han bailado con sus compañeros de clase. Para otros es el primer día, la primera toma de contacto, la “ansiedad” por hacer amigos y la primera ojeada a la habitación de la residencia que puede que por unos años sea su casa lejos de su hogar.

Un veterano que recorre los pasillos, un empujón al novato, tres amigos que se ríen de la jugarreta, un niño que no soporta la presión de las “novatadas”, se marcha y acaba olvidando la ilusión que lo había llevado a la ciudad.

En muchos casos, solo son juegos de iniciación o quedadas para conocerse más entre los estudiantes recién llegados. En muchos otros, son crueldades que consisten en dejar al novato en una posición inferior. Un “juego de rol” que expone el poder del veterano que quizás tan sólo lleve un año en ese lugar y que también ha pasado por esos momentos el año pasado, pero ahora ya no es un novato, es un veterano. Sigue siendo el mismo, simplemente ahora se pavonea orgulloso por los pasillos con una palabra que parece llevar pintada en la frente: veterano. Eso sí, siempre y sólo si ha tenido que hacer cosas que seguramente no quisiera hacer. Y todo por el inevitable coste de evitar la exclusión.

Tres niñas solas en una mesa, un grupito que se mofa, una niña llorando en su habitación, la mirada gacha en los pasillos, la ansiedad que impone la soledad y un veterano o veterana que busca a su nueva “presa” en este nuevo curso. Dejemos de mirar hacia otro lado, estas cosas continúan pasando. Todos hemos sido novatos en algún momento y lo seguiremos siendo, a todos nos ha costado hacer amigos y puede que nos siga costando, todos nos hemos sentido solos y hemos sentido miedo, todos hemos llegado a un sitio nuevo con un sueño y una ilusión por cumplir.

¿Dónde está la empatía?, ¿por qué se sigue fomentando el acoso continuado al “novato”, al más débil ?, ¿por qué se continúa normalizando en estos lugares que si no sufrimos entonces nunca tendremos amigos?

A ti, querido veterano, entiende que no quiera beber vino hasta vomitar y tú que también fuiste novato, dime: ¿dónde está tu límite?

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