
Por Sara Méndez | Cuando uno es pequeño piensa en irse lejos de casa, en comprarse un ático adosado con jacuzzi y piscina climatizada en Madrid o en lanzarse a la piscina y emprender su negocio en un lugar remoto en el que nadie le conozca. Cuando pasa el tiempo y uno crece, puede seguir creyendo en su negocio, pero quizás sabe que ya no puede permitirse emprender, puede que quiera ser irreconocible en ese lugar remoto, pero quizás sea porque ha discutido con alguien cercano y probablemente su ático adosado se haya reducido a un pisito en Ferrol con tocadiscos en el salón y galería blanca en el balcón con vistas a una Plaza de Armas que entre pregones y conciertos invita un año más a quedarse en ella a disfrutar de estas nuevas fiestas.
Nada de esto está mal, al contrario, porque para ti lo mejor puede ser disfrutar de las fiestas y de tu ciudad, del talento de artistas como “Lgido”, “Celtas Cortos” o “Leire Martínez” que buscan contentar a una plaza repleta de ferrolanos expectantes y con la mirada fija puesta en el escenario. Pero en ese momento, yo que soy “aguafiestas”, pienso en la palabra “autóctono”, y supongo que esto os recuerda a la gran duda que tuvimos siempre al no llegar a diferenciar entre el árbol de hoja caduca y la perenne, pero no es eso.
Siento que el talento musical debe impulsarse desde lo más alto a lo más autóctono, por decirlo así, es decir, Henry Méndez ya ha tocado lo más alto porque sus canciones ya han sido reproducidas, cantadas y bailadas por miles de personas, pero realmente por qué no apostar por el valor de lo “autóctono”, de lo de casa, de lo ferrolano.
Por qué no dar la oportunidad a jóvenes de la ciudad, con talento, con sueños y con las mismas ilusiones que cualquiera de nosotros, ya sabéis, el ático, el viaje o el emprendimiento, y que esas ilusiones puedan cumplirse, que les sirva de motor para impulsarse en el futuro, que disfruten cantando mientras ven a sus padres o a sus vecinos entre el público y que lleguen a casa con la satisfacción de haber disfrutado, de haber visto a sus amigos cantar sus letras, y que con todo esto puedan haber llegado a sentir el “roce de lo más alto”, pues creo que el momento, de subirse al escenario y agarrar el micrófono es el mismo para cualquier artista de vocación, todos sienten estar cumpliendo un sueño, todos se dejan llevar acompañados del público.
Con esto no quiero decir que la música de “lo más alto” no deba tener sitio en estas fiestas, al contrario, todos queremos disfrutar también de esos artistas que han marcado nuestras infancias, fiestas y bailes de discoteca, pero también debería haber hueco para el nuevo talento y el talento autóctono, un hueco que podría cambiar la perspectiva del joven que se sube al escenario y que el día de mañana puede llegar a ser un artista de calibre y por lo tanto, conseguir tocar lo más alto.
En conclusión y para remarcar toda esta idea de la autenticidad cierro este artículo tal y como dice una de las canciones de Carlos Ares titulada de la misma manera que este texto: “mi talento y mi carácter son del macizo galaico”.