
Se cumplen cinco años desde aquel septiembre en que la Catedral de Mondoñedo acogió la ordenación episcopal de monseñor Fernando García Cadiñanos. Cinco años de labor intensa, silenciosa pero profundamente transformadora, al frente de una diócesis compleja, marcada por la dispersión geográfica, el envejecimiento poblacional y los desafíos socioeconómicos de la Galicia septentrional. En este lustro, el prelado burgalés ha demostrado que la juventud de su episcopado no era solo un dato cronológico, sino una inyección de energía y audacia evangélica para la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol.
Desde su llegada, García Cadiñanos rompió moldes apostando por la «sociedad de los cuidados». Su formación en Doctrina Social de la Iglesia y su larga trayectoria en Cáritas marcaron una hoja de ruta clara: situar a las personas en el centro de la acción eclesial. No ha sido un obispo de despachos. Al contrario, su figura se ha vuelto familiar en las parroquias rurales de las tierras mindonienses y en los barrios obreros de Ferrol, tejiendo una Iglesia de tú a tú, que escucha, acompaña y se compromete con la realidad de sus fieles.
Uno de los pilares más notables de su gestión ha sido la firme defensa de la dignidad del trabajo y la revitalización comunitaria. En una comarca que conoce bien las reconversiones y las dificultades laborales, la voz de la Iglesia local se ha alzado con valentía y espíritu integrador. Asimismo, el obispo ha sabido leer los signos de los tiempos con optimismo y realismo. Ha visto en la llegada de población inmigrante una oportunidad de rejuvenecimiento y vida para las parroquias, abordando el fenómeno migratorio desde la acogida y la hospitalidad evangélica, alejándose de polarizaciones y priorizando la fraternidad humana.
Su capacidad de entendimiento y diálogo institucional ha facilitado puentes con la sociedad civil, el tejido asociativo y las administraciones, logrando que la Iglesia sea percibida como un actor social relevante en el desarrollo de la comarca. Todo ello, sin perder de vista el gran reto de la transmisión de la fe en un mundo secularizado, promoviendo vocaciones y corresponsabilidad entre los laicos.
Estos cinco años no han sido un camino exento de dificultades, pero se cierran con un balance netamente positivo. Mondoñedo-Ferrol cuenta hoy con un pastor que ha sabido revitalizar la esperanza de su comunidad. Al mirar hacia el futuro, la labor de monseñor Fernando García Cadiñanos se consolida como un ejemplo de fidelidad al Evangelio desde la cercanía y el compromiso social, un faro indispensable para seguir guiando a la Galicia del norte por senderos de justicia, solidaridad y fe compartida.
