
Carlos J. García | Todas las cosas, por el uso excesivo, acaban gastadas, y las palabras no son una excepción. A menudo usamos demasiado ciertos vocablos llegando a desvirtuar su significado original. Cuando invocamos una palabra machaconamente, sabemos de qué va y la entendemos, pero pierde su fuerza original. Incluso, según la entonación o el contexto en un relato, puede adquirir matices diferentes. Ejemplos de esto conocemos muchos y cercanos.
Algo así le está pasando a la palabra «dignidad”. Los políticos, y probablemente en general, pronuncian en demasía la palabra dignidad como excusa de sus errores en materia social y de inmigración. Al emplearla fuera de su verdadero significado, la despojan de su valor y la convierten en un comodín que se dice (si me permiten la expresión) con vulgaridad y banalidad. La usan recurrentemente para apelar a sentimientos de pena para justificar sus acciones deficientes o ausentes, relativas a la pobreza; como por ejemplo a lo que hoy nos ocupa: la invasión de Ceuta ocurrida hace algo más de un mes. En este caso, pretenden disculpar sus errores apelando a nuestros sentimientos de compasión. Acción que solo demuestra cobardía y zafiedad.
Al inmigrante, nos dicen, se le acepta por “dignidad”. Este es un argumento que confunde. Al emigrante hay que aceptarlo porque es una persona, y como tal tiene todos sus derechos, además es tan dueño del planeta Tierra como ustedes y yo. Al parecer, la visita del Papa que tanto le gustó al Gobierno y que incluso fueron, en pleno, a misa alabando sus palabras, no les sirvió de mucho. El Papa (al que no tienen por qué seguir) explicó su punto de vista (que comparto) sobre la corriente migratoria y lo cierto es que al Ejecutivo (el que tanto dijo compartir la propuesta papal) le entró por un oído y le salió por el otro. Vamos, como si lloviese. Y a las pruebas me remito.
Con los detalles de la crisis de Ceuta no les aburriré porque estarán, amigos lectores, saturados y ya serán conscientes de la trascendencia del asunto. Pero para dibujar una especie de mapa ¿Se imaginan que en un instante nos llegase a nuestro Ferroliño un número de personas igual al total de los que ya vivimos en él? Pues es lo que ha pasado en Ceuta. Pero (sigo imaginando) supongan que no viniesen a buscar trabajo, comida o refugio (que no dudo que habrá más de uno), sino con otros fines. ¿Se imaginan que nos pasase a nosotros en Ferrol?
No sé a qué han venido, pero está quedando claro que no entraron buscando la dignidad que en su país (Marruecos fundamentalmente, el mismo estado que quiere ser la sede de la final del próximo mundial de fútbol) no tenían. Me cabrea que a los emigrantes de verdad los metan en el mismo saco que a quienes ejecutan un asalto con a saber que fines.
Los que hemos vivido con emigrantes, sabemos que la gran mayoría no son violentos y tienen su dignidad intacta, ya solo por el hecho de buscar progreso. Quizás la pierden con nosotros. En todo caso, los invasores de Ceuta, falsos emigrantes, la pierden porque su objetivo no es mejorar sus condiciones de vida. Son otros. Sin embargo, desde el Gobierno nos quieren hacer ver que todo es lo mismo olvidándose, opino que conscientemente, que la dignidad la tenemos todas las personas cuando obramos de buena fe y quizás, a los de verdad, se la quitamos condenándolos a una pobreza crónica que no es solo económica, también moral y social, además del rechazo. Que es lo que Vds. provocan justificándose en la dignidad. No se excusen en la palabra «dignidad» para camuflar su incompetencia y su falta de respeto (porque supongo no lo hacen a propósito, ¿o sí?). La indignidad no es del emigrante, sino de ustedes, que condenan al desamparo a quienes vienen con intenciones sanas. Los hacinan “civilizada y dignamente”. Hay que saber distinguir, y creo que ustedes no lo tienen muy claro, la diferencia entre gobernar y mandar. ¿O lo tienen? O puede que solo sean incapaces.
Hoy me he indignado un poco de más, y no me gusta estar enfadado que no es mi estado natural. Pero ciertas realidades me afectan de manera más intensa
Gracias por su atención y hasta la próxima.
