Aeropuerto de A Coruña-Ferrol

por Juanma de Ferrol

@JuanmaFerrol | Hay ciudades que aparecen en los mapas por su historia. Otras, por su turismo. Algunas, por su industria o por la fuerza de su economía. Y otras, sencillamente, porque tienen la fortuna de encontrarse en el centro de una ruta de paso. Pero también hay ciudades que, además de contar con historia, patrimonio, industria y atractivos suficientes, necesitan algo tan elemental como estar bien comunicadas para que el resto del mundo sepa que existen. Ferrol tiene un problema de comunicaciones que no es nuevo. Lo sabemos desde hace décadas. Estar situados en la esquina noroccidental de la península Ibérica no ayuda, desde luego. Lo que quizá no hemos sabido hacer siempre es convertir nuestras carencias en oportunidades. Y pocas oportunidades son tan evidentes como la que ofrece el aeropuerto de A Coruña.

Un aeropuerto no es solamente una pista, una terminal y una sucesión de aviones que despegan y aterrizan. Un aeropuerto es también una ventana al mundo. Es una ciudad que aparece en los paneles de destinos de otros aeropuertos, en las búsquedas de vuelos, en las agencias de viajes y en los mapas de las compañías aéreas. Cada nueva ruta es, en cierto modo, una forma de promoción internacional. Por eso, la cuestión no debería plantearse en términos de si Ferrol tiene o no tiene aeropuerto. La pregunta correcta es otra: ¿podemos aprovechar mejor el aeropuerto que ya tenemos a poco más de treinta minutos de nuestra ciudad? La respuesta, a mi juicio, es sí.

Hay una primera medida tan sencilla como simbólica: que el actual aeropuerto de A Coruña pase a denominarse Aeropuerto de A Coruña-Ferrol. No sería ninguna extravagancia. Existen precedentes tanto aquí como en otros países. En España encontramos denominaciones como Girona-Costa Brava o Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna, pero los ejemplos más interesantes para esta propuesta son los aeropuertos de Alicante-Elche y Granada-Jaén, donde la denominación del aeródromo incorpora a más de una ciudad o territorio. En el caso de Alicante-Elche, además, la incorporación del nombre de Elche se justificó por la conveniencia de favorecer la proyección exterior de una ciudad que, aunque no fuera la sede física del aeropuerto, se beneficiaba directamente de él.

Fuera de España, encontramos numerosos ejemplos de una práctica que es mucho más habitual de lo que pudiera parecer. Basta con citar casos como los aeropuertos de Basilea-Mulhouse-Friburgo, Leeds-Bradford o Dallas-Fort Worth. Por su parte, el aeropuerto de Bérgamo se promociona internacionalmente como Milan Bergamo Airport, pese a encontrarse a unos 45 kilómetros de Milán. La denominación no responde únicamente al lugar donde se encuentra la pista, sino también al territorio al que sirve y a la ciudad cuya proyección internacional contribuye a reforzar. ¿Por qué no puede hacerse algo parecido aquí?

Ferrol se encuentra a una distancia perfectamente razonable del aeropuerto coruñés. No hablamos de una infraestructura situada a cien kilómetros ni de un desplazamiento que obligue a convertir el viaje al aeropuerto en una odisea. Estamos hablando de poco más de media hora por autopista. Una distancia perfectamente asumible y, de hecho, inferior al tiempo que muchas personas de otras ciudades necesitan para desplazarse desde el centro urbano hasta su aeropuerto.

Para que esto funcione hace falta algo más que cambiar un rótulo. Hace falta que el aeropuerto sea también accesible para los ferrolanos. Actualmente existe conexión por autobús entre Ferrol y A Coruña, pero no una conexión directa y regular con el aeropuerto. Aquí hay una oportunidad evidente: bastaría con que algunos de los servicios que ya realizan el trayecto entre Ferrol y A Coruña incorporasen una parada en el aeropuerto. Tres o cuatro servicios por sentido al día serían, para empezar, una medida razonable y de coste contenido. No tiene demasiado sentido hablar de un aeropuerto compartido si después un ferrolano que quiera utilizarlo tiene que desplazarse primero hasta A Coruña, hacer transbordos o depender necesariamente del vehículo privado.

En otro orden de cosas, la accesibilidad no debería limitarse al transporte público. Si queremos hablar realmente de un aeropuerto compartido, también habría que abordar el coste de llegar hasta él. Hoy, quien se desplaza desde Ferrol en vehículo particular debe asumir el peaje de la AP-9. Para un trayecto que tiene como destino una infraestructura que pretendemos que sea también de Ferrol, resulta difícil defender que esa barrera económica deba seguir existiendo. Por ello, una reivindicación razonable debería ser que el desplazamiento por la AP-9 entre Ferrol y A Coruña quede exento de peaje, o que, cuando menos, se establezca una bonificación específica para los desplazamientos vinculados al uso del aeropuerto.

También queda pendiente mejorar el acceso viario desde la AP-9. El aeropuerto colinda con una de las grandes arterias de comunicación de Galicia, pero quien llega desde Ferrolterra se encuentra con un acceso que no responde a esa proximidad y se ve obligado a realizar un rodeo por O Burgo, perdiendo tiempo en un desplazamiento que podría ser mucho más directo con una salida directa desde la autopista. Una actuación relativamente modesta en los accesos permitiría ahorrar varios minutos y, sobre todo, hacer mucho más natural el uso del aeropuerto para toda la comarca de Ferrol.

También es importante insistir en un tema fundamental: esto no sería solamente una reivindicación de Ferrol. También puede ser una oportunidad para A Coruña. Porque compartir no significa perder. Significa sumar. Si el Concello de A Coruña considera estratégico apoyar la creación y consolidación de nuevas rutas aéreas, ¿por qué no podría participar también Ferrol? Si una ruta beneficia al conjunto del norte de la provincia, resulta perfectamente factible que las administraciones de ambas ciudades colaboren para hacerla posible. Ferrol podría contribuir económicamente, en una proporción razonable y acorde con sus posibilidades, a la promoción de nuevas conexiones. Y, a cambio, dejaría de contemplar el aeropuerto como una infraestructura ajena para empezar a considerarlo como lo que realmente puede ser: su puerta aérea al mundo.

Las oportunidades que se abren no son menores. El aeropuerto coruñés cuenta con conexiones con algunas de las principales ciudades españolas y europeas, y la previsión de ampliación de su oferta de destinos para los próximos años abre nuevas posibilidades para el conjunto de su área de influencia. Vuelos nacionales a Madrid, Barcelona, Málaga, Valencia, Gran Canaria, Tenerife, Bilbao, Sevilla o Alicante; e internacionales a Londres, París, Ginebra, Lisboa, Milán o Estambul son destinos que muestran hasta dónde podría llegar la conectividad de un aeropuerto de estas características. Ahora toca dar el siguiente paso: mejorar y ampliar una terminal cuya modernización está prevista por Aena y aprovechar ese crecimiento para consolidar un aeropuerto de referencia para el golfo Ártabro, una región urbana en la que viven más de 600.000 personas.

Durante el franquismo llegó incluso a plantearse la construcción de un aeropuerto propio para Ferrol, con aquel proyecto faraónico —y, visto desde hoy, difícil de imaginar— que contemplaba ganar terreno desecando parte de la ría. Por fortuna, esto no llegó a suceder. Hoy no necesitamos embarcarnos en una obra de esa naturaleza. Necesitamos conseguir que el aeropuerto que ya existe también sirva para Ferrol. Que aparezca nuestro nombre. Que haya autobuses. Que existan buenos accesos. Que el coste de llegar hasta él sea asequible. Que participemos en la promoción de nuevas rutas. Que las instituciones de ambas ciudades entiendan que la conectividad de una beneficia a la otra.

En concreto, para Ferrol significaría poder justificar mejor su condición de sede de congresos y eventos internacionales, facilitar la llegada de empresarios e inversores y relanzar el Campus Industrial de Ferrol, favoreciendo la llegada de estudiantes —especialmente Erasmus—, investigadores y profesores, así como la capacidad de la ciudad para atraer talento y proyectos internacionales. Lo mismo sucede con la industria: la llegada de la china SAIC y de nuevas empresas exige no solo suelo, puerto y trabajadores cualificados, sino también conexiones que permitan a directivos, ingenieros, proveedores y potenciales inversores desplazarse con facilidad y percibir Ferrol como una ciudad abierta y conectada. La nueva terminal de cruceros del puerto de Ferrol refuerza también la importancia de un aeropuerto cercano, al permitir que en unos años Ferrol pueda ser inicio o final de itinerarios y facilitar así la llegada y salida de cruceristas desde otros puntos geográficos.

Con relación al sector turístico, además, contribuiría a que visitantes y peregrinos del Camino Inglés descubrieran con mayor probabilidad la ciudad y a que Ferrol aprovechara mejor su condición de ciudad Patrimonio Mundial. Y no es una cuestión teórica: entre las quejas que trasladan los turistas y peregrinos que llegan a Ferrol está precisamente la dificultad para desplazarse una vez aterrizan en el aeropuerto de A Coruña, donde no existe una conexión directa en autobús con nuestra ciudad. Una carencia que también afecta a quienes acuden a Ferrol con motivo de congresos, encuentros académicos o actividades profesionales y que evidencia hasta qué punto disponer de un aeropuerto cercano no basta si después no existe una conexión sencilla y directa con la ciudad.

Lo mismo puede decirse del ámbito militar, especialmente relevante en una ciudad con un arsenal y una importante presencia de personal de las Fuerzas Armadas procedente de otros puntos de España, que también se beneficiaría de una mejor conectividad aérea, como demuestra la buena acogida que está teniendo entre los militares andaluces residentes en Ferrol el anuncio de la nueva ruta aérea con Sevilla. Y, por supuesto, de los astilleros de Navantia, cuya actividad genera un flujo constante de directivos, ingenieros, técnicos, proveedores y profesionales que necesitan desplazarse con rapidez entre Ferrol y otros centros industriales y empresariales.

También el mundo deportivo podría beneficiarse de esta mayor visibilidad y proyección pública. Una ciudad con aspiraciones de recuperar una presencia estable en el fútbol profesional necesita buenas comunicaciones para desplazamientos de equipos, aficionados y profesionales. En ese sentido, un aeropuerto compartido entre A Coruña y Ferrol sería una infraestructura útil tanto para el Dépor como para el Racing. Lo que es bueno para Ferrol puede ser bueno para A Coruña, igual que lo que fortalece a A Coruña termina repercutiendo en el conjunto del norte de Galicia. Por eso esta propuesta debería ser asumida por las instituciones, pero también por la sociedad civil:

  • Aena debería estudiar la denominación Aeropuerto A Coruña-Ferrol y abordar la ampliación y modernización de la terminal.
  • El Ministerio de Transportes debería realizar las obras de los accesos viarios desde la AP-9 y estudiar una fórmula que permita reducir o eliminar el coste del peaje para quienes utilicen el aeropuerto.
  • La Xunta debería impulsar una conexión regular de autobús entre el aeropuerto y Ferrol.
  • El Concello de Ferrol debería estar dispuesto a poner recursos encima de la mesa para promocionar, junto con A Coruña, nuevas rutas para convertir esta reivindicación en una verdadera política de ciudad.

Lo lógico sería que fuese Ferrol quien plantease inicialmente esta reivindicación. Empezando por su alcalde, José Manuel Rey Varela, que, como tantos otros ferrolanos, conoce de primera mano la utilidad del aeropuerto coruñés para los desplazamientos frecuentes a Madrid y otros destinos. Reitero que no se trata de quitarle nada a A Coruña, ni de disputar una infraestructura. Tampoco de crear otra administración, otra terminal o un nuevo aeropuerto. Se trata de compartir.

Soñemos con que, cuando alguien mire un panel de destinos y lea «A Coruña-Ferrol», sepa que nuestra ciudad está ahí. Y que, desde cualquier parte de España o de Europa, llegar hasta ella sea tan fácil como llegar a cualquier otra ciudad. Vamos a poner Ferrol en el mapa. Y, esta vez, vamos a conectarlo con el mundo.

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