
Por Pedro Sande | Empecé a tomar las primeras notas de esta crónica a principios del mes de julio, en el tórrido verano del año 2026. Los movimientos geográficos y la inestabilidad que producen los primeros meses de la época estival se apoderaron de mis actividades cotidianas y me llevaron a abandonar la construcción de mis puzles literarios.
No recuerdo cuando ni por qué decidí adentrarme en el mundo de los patriotas. Ahora, justo cuando miles de desheredados han abandonado su patria para llegar a nuestro país, aun a pesar de poner sus vidas en riesgo, y pasados los fastos futboleros, creo que es el momento adecuado para convertir en un texto legible las notas que he ido tomando sobre el término patriota, un concepto que el ser humano ha utilizado para producir odio y destrucción.
Según la RAE, patriota es «la persona que tiene amor por su patria y procura todo su bien». Un significado que convierte dicho término en algo bondadoso y abnegado, un significado al que parece difícil oponerse. Esta bondad se ve reforzada por el origen de la palabra patria, del latín patria, que significaba «la tierra de los padres o de los antepasados».
Como suele ocurrir con el ser humano, el problema no está en el significado de las palabras. Ocurre lo mismo con los avances y progresos de la propia humanidad, el problema aparece cuando el ser humano utiliza las palabras y el progreso para generar discordia y ruina.
Me he atrevido en clasificar a los patriotas en dos grandes grupos. No los he calificado ni les he asignado un adjetivo que los describa. Solo diré que son dos grupos antagónicos.
En el primer grupo se encuentran los patriotas que se han apoderado del término y se creen los verdaderos guardianes de la pureza patriótica. Son los idólatras de la simbología; los que gritan que en su patria no caben los que no piensan como ellos, quienes no rezan como ellos; los que proclaman que en su patria solo cabe un color, los de la cultura única, para los que la historia solo tiene una lectura; los que se enorgullecen de que su patria nunca ha cometido errores; los que niegan la igualdad y la fraternidad, los que usan las fronteras para dividir; los que afirman su supremacía.
El segundo grupo es el de los patriotas desconocidos, silenciados por ellos mismos. Son los que ponen a los seres humanos por encima de los símbolos; aquellos que piensan que la multiculturalidad y la mezcla de razas son elementos que unen y enriquecen; los que son, a la vez, críticos y elogiosos con la historia de su país; para ellos, las fronteras solo son limitaciones físicas; los que quieren que su patria sea un lugar de libertad, igualdad y dignidad. Son los que han dejado que el término patria haya sido secuestrado y los que han permitido que la libertad sea amputada por otros. Hay muchos integrantes de este segundo grupo de patriotas que no quieren utilizar esta etiqueta, envejecida, secuestrada y manipulada. Al fin y al cabo, ellos solo quieren sentirse orgullosos por pertenecer a un país; a un país, que como les ocurre a ellos mismos cuando se miran a un espejo, sean capaces de reconocer sus defectos y sus virtudes.
Ellos aún no han encontrado su etiqueta y han permitido que los idólatras sigan teniendo la exclusividad del término y se estén imponiendo a la hora de construir patrias de un solo color.
Una vez que llegué hasta esta personal clasificación de patriotas, fueron las celebraciones por el triunfo de la selección española y algunos comentarios de ciudadanos orgullosos de esta enorme victoria los que me hicieron reproducir, en algunos casos textualmente y en otros añadiendo mis propias convicciones, algunos comentarios con las que me siento identificado.
España, y su historia así nos lo demuestra, siempre ha sido un país de múltiples colores, un país que se ha enriquecido con su propia diversidad. Debemos ser conscientes de que nuestra historia, nuestra riqueza cultural y nuestra diversidad no son una amenaza, son nuestro gran patrimonio.
Por desgracia, la historia también nos ha demostrado que estas últimas palabras nada tienen que ver con la realidad de nuestro país. Hasta en el triunfo de la selección española se han visto esos dos grupos antagónicos. Los que se han visto representados por un grupo de españoles, todos ellos mostrando nuestra diversidad cultural, racial y religiosa, y los que creen que algunos de sus componentes están mancillando el símbolo, la camiseta.
Para terminar, reproduzco de manera textual, las palabras de uno de los españoles más vilipendiados por los idolatras. «El patriotismo más sólido no consiste en imponer una única forma de entender el país, sino en trabajar para que todas las personas puedan vivir con dignidad, libertad e igualdad de oportunidades».
Cuídense mucho.
