
Por Lucas Molina | Hoy que nace un medio de comunicación en mi tierra, en Ferrol, y mi amigo Pedro Sanz, un periodista de raza, incombustible e inasequible al desaliento y al paso del tiempo, me pide que salude a los lectores desde mi atalaya vallisoletana. Y en posición de firmes lo hago, con gusto y con mis mejores deseos a aquel que empieza una nueva aventura periodística de calado.
Y como eso de empezar me trae muy buenos recuerdos, déjenme que reviva, aunque sea a «vuelapluma», los comienzos en mi primer colegio: las Discípulas de Jesús del Campo de San Roque.
Todavía recuerdo, como si fuera hoy, a las monjitas poniéndonos en fila en el recreo, por cursos, y haciéndonos subir ordenadamente a las aulas al finalizar el mismo. Desde el primer día nos educaron en el respeto a los demás y, ¡cómo no!, a las normas más básicas de convivencia –urbanidad le llamaban–. Nos inculcaban valores, e igual nos premiaban si cumplíamos con nuestro deber, que nos «tiraban de las orejas» si no hacíamos nuestro trabajo.
Pasados ya muchos años desde aquellos primeros pasos, reconozco que aquellas monjitas –que a todos nos parecían tan mayores– no hacían más que modelar nuestro carácter, cual escultor con el mármol o el granito, para que tuviéramos educación, conocimientos y valores. Todo ello, sin duda, por encargo de nuestros padres.
Han pasado más de 55 años de aquello y recuerdo, como si fuera hoy, los nombres de casi todas aquellas «Discípulas»: Magdalena, Fe, Fidela, Leonila, Dolores, Nieves… La primera, la madre Magdalena, que era un encanto «con mucho carácter» fue mi profesora de parvulitos, mi primera «docente», y fíjense si dejó huella en mí, que cursando ya mis estudios universitarios en la ciudad del Pisuerga y sabiendo que se había retirado a la «casa madre» de la Orden, que estaba –y sigue estando– en Valladolid, la fui a visitar en varias ocasiones, cosa que agradeció sobremanera.
Los primeros recuerdos son los que permanecen más tiempo en nuestra memoria. Ojalá el primer recuerdo de «El Departamental», que hoy nace, deje una magnífica huella en todos los lectores, que auguro, serán muchos.
Un abrazo fuerte a todos