
Niko Sánchez | Antes de la política estaba la abogada. Pero también estaba Pamen. ¿Cómo era tu vida entonces, en lo profesional y en lo personal?
Trabajaba en un despacho de abogados, llevando sobre todo temas de familia —divorcios, herencias, adopciones…— y también temas mercantiles para bancos.
Pero si me preguntas si aquella Pamen es exactamente la misma que ahora, creo que no sería realista decir que sí. Todos vamos cambiando con los años y con las experiencias nuevas y, en esta etapa, he vivido muchísimas cosas. Sin embargo, en lo esencial no he cambiado.
Siempre he sido, soy y creo que siempre seré una persona extrovertida, positiva, empática y muy familiar. Y también muy confiada, demasiado confiada a veces, lo que me ha traído más de un disgusto.
Es difícil cabrearme, pero cuando lo hago tengo un pronto de aúpa. Eso sí, se me pasa rápido y no soy nada rencorosa.
Procuro seguir un par de mantras en mi vida. Uno es «no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti». Y otro me lo decía siempre mi padre «cuando no sepas qué hacer en una situación, elige lo que te deje la conciencia tranquila, aunque eso suponga que a veces te tomen el pelo o se aprovechen de ti. Eso será problema suyo, no tuyo».
Y mis gustos tampoco han cambiado demasiado. Me encanta el cine, sobre todo el terror y el suspense, la música, bailar y viajar. Cuando se puede, siempre con mi familia.

¿Y cómo acaba esa Pamen metida en política?
Me pilló en el momento adecuado de mi vida.
Hacía un par de años que había fallecido mi padre, al que adoraba, y llevaba un tiempo en el que no encontraba nada que me ilusionara a nivel profesional.
En diciembre de 2022 me llamaron para participar en una mesa de trabajo. Varios vecinos tomábamos un café con el alcalde y le trasladábamos nuestras inquietudes.
Y allí que me fui. ¡Y vaya si hablé!
La mesa era sobre seguridad, pero acabamos hablando de todo. Además, mi hija mayor empezaba a salir por las noches y la seguridad era algo que me preocupaba bastante.
Nunca había ido a nada parecido y me encantó. Sobre todo porque me sentí escuchada.
Después fui a otra mesa, y a otra, y me llamaron para algún acto… Me gustó lo que se decía y, sobre todo, cómo se decía. No eran reuniones para criticar al resto de partidos o decir lo mal que estaba la ciudad. Eran reuniones en positivo, buscando soluciones.
Y un domingo, a las nueve de la mañana, me llamó el alcalde.

Y un domingo, a las nueve de la mañana, recibes una llamada que acaba cambiándote la vida. ¿Qué pasó?
No tenía su número grabado y, cuando me dijo «Hola, soy José, ¿estás muy liada ahora mismo?», pensé que era otra persona.
Le contesté: «¡Qué va! Estoy poniendo lavadoras, que tengo calcetines y ropa para lavar como si esto fuese un internado».
Él se rio y me dijo: «Creo que no sabes quién soy».
Y efectivamente, no lo sabía.
Me dijo que estaba interesado en que fuese en su lista para las siguientes elecciones y le dije que sí inmediatamente. Ni siquiera tuve que pensarlo.
Lo hice porque José Manuel, como persona, me había impactado. La gente que lo conoce sabe que es honesto, generoso, leal, educado y trabajador. Y no lo digo porque sea mi jefe, hablo de la persona.
Mis hijos ya eran mayores y, después de aquellas mesas de trabajo, me hacía mucha ilusión ser más proactiva, cambiar de vida, afrontar retos y salir de mi zona de confort. Me pareció una oportunidad que no podía desperdiciar.
Y ahí empieza otra vida.
Sí.
Aterrizamos llegado el verano y no parábamos. Todo era nuevo, aunque tuve gente en mi negociado que me ayudó muchísimo y que todavía hoy me sigue ayudando.
Pero fue durante el primer Pleno cuando pensé: «Hostia, esto va en serio».
Me senté en mi bancada y asistí al primer momento verdaderamente político de mi vida.
¿Y qué descubriste cuando empezaste a vivir Ferrol desde dentro?
He descubierto un montón de cosas. Todos los días aprendo algo nuevo de Ferrol y cada día me gusta más nuestra ciudad.
Siempre me ha gustado. La calidad de vida que tenemos aquí es difícil de encontrar en otras ciudades, pero ahora me fascina.
He descubierto lugares que no conocía —las entrañas del Sánchez Aguilera, FIMO, el cuartel de la Policía Local, el parque de Bomberos…— y, sobre todo, muchísima gente.
Y he vivido cosas que jamás imaginé.
Aterricé en verano y fue todo muy intenso. Desde asistir a la «autopsia» de una ballena hasta meterme en el agua con un tiburón peregrino de más de siete metros para intentar que la gente no se acercase. O vivir las fiestas de Ferrol desde el backstage después de organizar el dispositivo.
En unos meses viví cien mil experiencias.

De todo lo que has vivido, ¿qué te ha cambiado más la mirada?
El trabajo que hacen nuestros Cuerpos de Seguridad y que muchas veces damos por hecho.
Y también la gente de Protección Civil. Personas que ceden su tiempo de descanso sin pedir nada a cambio y que hacen muchísimo más que estar al lado de una valla en Semana Santa.
Y descubrí algo más: desde fuera todo parece mucho más sencillo.
Como vecina me quejaba de lo lento que iba todo. Desde dentro entiendes que la Administración tiene sus tiempos. La gente trabaja, y mucho, pero las cosas no siempre pueden hacerse al ritmo que uno quisiera.
Y descubrí que los ferrolanos queremos a Ferrol mucho más de lo que parece.
Podemos criticar nuestra ciudad entre nosotros, pero que venga alguien de fuera a decir algo malo de nuestro Ferroliño… y nos lo comemos.
Eso de querer a Ferrol incluso cuando estamos poniéndolo a parir parece bastante nuestro.
Exactamente.
Pero supongo que estos años también han tenido su parte menos amable. ¿Qué ha sido lo más difícil?
Estoy segura de que muchos compañeros dirían que el tiempo que pasas fuera de casa y el no tener vacaciones, pero a mí esto me encanta y me compensa. En casa me han apoyado muchísimo y siempre encuentro el momento para estar con los míos.
Quizá lo más difícil ha sido y sigue siendo no poder hacer las cosas tan rápido como me gustaría. Pero poco a poco las cosas van saliendo y Ferrol ha cambiado mucho en este tiempo, así que creo que vale la pena.
Y tampoco te voy a mentir: he pasado estos años por situaciones muy delicadas y dolorosas. Situaciones que pueden hacer que te hundas.
Pero creo que esa no debe ser la actitud. Hay que afrontarlas, apoyarte en quien te quiere bien, seguir adelante y aprender de los errores.
¿Y todo esto te ha cambiado a ti?
Pensaba que las críticas me iban a afectar muchísimo. Todo el mundo estaba convencido, incluida yo, de que me iban a hacer polvo.
Y no.
Las críticas constructivas siempre las he tolerado bien, pero tenía miedo de las críticas de los haters y lo llevo bastante bien. Es gente que no me conoce, que no sabe lo que trabajo. Te ven en una foto y solo ven eso, la foto. No ven el trabajo ni las horas que hay detrás.
Las únicas críticas que podrían dolerme son las de la gente que me importa.
Lo que sí llevo peor es confiar en alguien, darle todo lo que tienes y descubrir que te la clavan por la espalda.
Pero así es la vida. La gente es como es y no como te gustaría que fuese.

Si mañana se acabara esta etapa, ¿qué te llevarías contigo?
Una cantidad enorme de gente maravillosa y una bolsa enorme de experiencias.
He vivido cosas que jamás habría vivido de otra manera.
¿Y qué dejarías encantada en el Concello?
Los Plenos.
Nada.
Ese momento en el que la gente se transforma y empiezan a volar cuchillos… eso no lo voy a echar nada de menos.
Y si pudieras volver por cinco minutos a aquel momento en el que todavía no sabías todo lo que venía, ¿qué le dirías a aquella Pamen?
Que lo disfrute.
Que no sea tan confiada, aunque sé que no me va a hacer caso.
Que viva cada momento que esto le regala.
Y que se ponga un poco más en forma antes, que esto es muy exigente.

