Este 12 de octubre, España celebra su Fiesta Nacional, una fecha que trasciende las diferencias para recordarnos el valor de la concordia. Pensemos lo que pensemos, por encima de cualquier discrepancia legítima, existe un lazo histórico, cultural y social que nos vertebra. No podemos, ni debemos, desunir lo que el tiempo y la convivencia han consolidado a lo largo de los siglos. En tiempos de fragmentación, apelar a la cohesión no es un ejercicio de nostalgia, sino una necesidad de futuro: todos unidos como una piña, porque la historia nos demuestra que la unión hace la fuerza.
Este día ofrece también la oportunidad perfecta para rendir un homenaje muy especial a nuestras Fuerzas Armadas. Institución impecable y profundamente valorada por el pueblo español, los militares son hoy el reflejo de la profesionalidad, el sacrificio y la entrega dentro y fuera de nuestras fronteras. Celebrar este día es también una invitación a acercarnos a ellos, a derribar distancias y a conocer más y mejor la labor callada de quienes garantizan nuestra seguridad y libertades.
Esta conmemoración adquiere un matiz de hondo orgullo en Ferrol. Nuestra ciudad y la Armada Española comparten un cordón umbilical indisoluble. Mirar hoy a nuestro arsenal y a nuestros buques es recordar aquel hito histórico de hace tres siglos, cuando Ferrol inició su camino para convertirse en una gran ciudad al ser designada como cabecera del Departamento Marítimo del Norte. Aquella decisión real transformó para siempre nuestra fisonomía, nuestra economía y nuestra identidad, ligando el destino ferrolano al mar y a la Corona.
Hoy, más que nunca, es preciso recuperar el espíritu de la máxima clásica: «La unión hace la fuerza«. España necesita avanzar sin enfrentamientos estériles, buscando el bien común desde la diversidad pero bajo un mismo proyecto compartido. Frente a los desafíos del presente, la respuesta debe ser colectiva, rotunda y solidaria: una España fuerte y unida donde, emulando el clamor inmortal de Fuenteovejuna, vayamos todos a una.
