
Sara Méndez | Hoy en día disfrutar de la cultura cinematográfica se ha convertido en un bien de lujo para la mayor parte de los individuos. Pagamos las entradas, las bebidas y las palomitas por el módico coste de unos quince euros por persona.
Esta cultura se remonta a mucho más tiempo atrás del que nosotros creemos pues por ejemplo ya nuestros abuelos disfrutaron de los domingos de cine. Muchos de estos abuelos se han conocido entre películas y ahora yo pienso, ¿Dónde han quedado los domingos de cine?, ¿Qué ha pasado con los cines de “barrio”?, ¿Por qué nos hemos limitado a invertir en un capitalismo cada vez mayor en este tipo de bienes culturales cuando se supone que deberían ser estos bienes los que se adaptasen a nuestro nivel económico para enriquecer nuestro nivel cultural?
Mis abuelos quedaban un único día a la semana, y este día era “el domingo de cine”. Una falda “midi”, una media tupida, un zapato de tacón y un abrigo. Un pantalón comprado con los ahorros de varios meses, un mocasín, una camisa de cuadros y una chaqueta marrón. Una sala con sólo tres filas de butacas, cinco parejas, y una película. “Hasta el domingo que viene”.
Ahora, bien es verdad que podemos ir al cine siempre que nos apetezca, pero no creo que la experiencia sea la misma. Para nuestros abuelos, el cine fue la primera manera de relacionarse e incluso para otros mayores de la misma generación el lugar que les brindó la oportunidad de conocer a sus parejas actuales. No llevaban cualquier chaqueta ni cualquier zapato de tacón, estrenaban sus mejores ropas por si acaso el cine conseguía unirles con lo que de verdad querían ver (antes que la película), a sus enamorados y enamoradas.
No es que no crea que esto no sea así ahora, al contrario, el cine también ha significado mucho para los más jóvenes. Todos nos hemos sentido mayores por ir al cine con nuestros amigos en plena adolescencia, todos nos hemos sentido “ridículos” viendo una película de miedo que ya sabíamos que iba a asustarnos pero que, aun así, lo hizo, todos hemos sentido nostalgia al sentarnos en la butaca sin necesitar el taburete y todos hemos idealizado el plan romántico de cine, peli y palomitas.
El cine siempre ha sido un servicio de un coste alto, y claramente, lo sigue siendo, pero siempre ha sido algo que nos ha enamorado. La mayoría de las personas, por no decir todas, prefieren salir de sus casas y vivir la experiencia de ver una película en el cine, aunque puedan ver 300 películas seguidas desde su sofá y elegir dentro de la infinidad de opciones que ofrecen las plataformas actuales, pero, aun así, siempre escogeremos el cine.
Creo que el cine lleva uniéndonos mucho tiempo, no necesitas conocer a la persona de al lado porque lo importante es que al igual que tú lleva llorando tres minutos seguidos con el final de la película y se resiste a irse sin ver absolutamente todos los créditos, lo único que importa es que realmente estáis compartiendo una experiencia que probablemente os enriquezca a los dos.
Los domingos de cine fueron el antecedente de la cultura cinematográfica que tenemos hoy en día.
Los cines de barrio empezaron a impulsar la idea de que hemos crecido entre películas, no importa si son de amor, de aventuras, de terror o de acción, lo único que importa es que nunca hemos dejado de escoger el cine.