Jazz de Ría cierra su décimo aniversario tras cinco días llevando la música por la Costa Ártabra

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Manu Sija en Jazz de Ría |
Rocío Cibes

Diez años después de comenzar a explorar escenarios poco habituales para el género, Jazz de Ría ha cerrado este domingo su décima edición manteniendo la fórmula con la que nació: combinar música, paisaje y patrimonio en diferentes puntos de la Costa Ártabra.

El multiinstrumentista argentino Manu Sija fue el encargado de poner el punto final al festival con un concierto al mediodía en la Ribeira de San Nicolás, en Neda. Su combinación de folclore argentino, jazz, improvisación y tecnología cerró cinco días de programación repartidos también por Cedeira, Valdoviño y Narón.

La edición del décimo aniversario estuvo marcada por tres elementos: una apertura coincidiendo con la eclipse total de Sol, la celebración del centenario del nacimiento de Miles Davis y una programación que reunió artistas de procedencias especialmente diversas.

El festival hace un balance positivo de la respuesta del público, con actividades que agotaron sus plazas, lanzaderas completas y una elevada asistencia a diferentes conciertos, aunque la organización no ha facilitado una cifra global de espectadores.

De la eclipse al centenario de Miles Davis

La programación comenzó en un escenario difícilmente repetible. Las lanzaderas habilitadas para acceder a San Antón de Corveiro se llenaron durante la jornada inaugural, que hizo coincidir música y observación de la eclipse.

En Valdoviño, el anfiteatro natural de la playa de O Baleo acogió la propuesta de Alejandro y María Laura, mientras que Narón concentró buena parte de la programación relacionada con Miles Davis.

Cientos de personas, según el balance de la organización, acudieron al Pazo da Cultura para escuchar a Ensemble 100xMILES, formación gallega creada para conmemorar el centenario del trompetista y recuperar el repertorio de su histórico concierto de 1960 en el Olympia de París.

La programación permitió además descubrir la singular conexión entre Davis y la tradición popular gallega: la melodía del chifre del afiador ourensano José María Rodríguez que Alan Lomax grabó en 1952 y que posteriormente inspiraría “The Pan Piper”, incluida en Sketches of Spain.

Esa historia llegó también al Mosteiro do Couto, donde se agotaron las plazas para una visita guiada antes de la narración oral de Quico Cadaval.

Freixeiro concentró el carácter internacional del festival

El Parque do Río Freixeiro volvió a convertirse en uno de los principales escenarios del Jazz de Ría con tres conciertos que mostraron la dimensión internacional alcanzada en esta décima edición.

Por allí pasaron la cantante palestino-irlandesa Sara Dowling junto al Michael Kanan Trio, el saxofonista catalán Albert Cirera con Tres Tambors y el músico cubano Yosvany Terry con su cuarteto.

La última parada llegó este domingo a Neda. Manu Sija reunió al público en la Ribeira de San Nicolás con una propuesta en la que las raíces musicales argentinas se mezclaron con la improvisación y herramientas contemporáneas.

El concierto cerró así un recorrido de cinco jornadas en el que los escenarios volvieron a formar parte de la propia experiencia del festival.

Diez años buscando público fuera de los escenarios habituales

Jazz de Ría nació hace una década con la intención de llevar esta música a lugares donde tenía una presencia reducida en las programaciones culturales y, al mismo tiempo, alejarla de los espacios tradicionales de conciertos.

Desde entonces, playas, parques, miradores, riberas, espacios históricos y enclaves naturales se han convertido en escenarios temporales.

La organización considera que este planteamiento ha permitido acercar el jazz a personas que inicialmente acudían atraídas por el paisaje, una ruta o una actividad patrimonial y que acabaron entrando en contacto con propuestas musicales que podían resultarles desconocidas.

El camino también ha funcionado en sentido contrario, llevando a seguidores habituales del jazz a conocer diferentes lugares de la Costa Ártabra.

Un festival que reivindica mantener la proximidad

Después de diez ediciones, la organización señala como uno de sus principales objetivos haber crecido sin perder el contacto directo entre músicos, espectadores y territorio.

Durante este tiempo se han ampliado los municipios implicados, las procedencias de los artistas y las diferentes formas de aproximarse al jazz, desde la improvisación hasta su encuentro con músicas tradicionales y lenguajes contemporáneos.

El festival considera que su principal legado después de una década no se encuentra únicamente en el número de conciertos celebrados, sino en haber generado un público recurrente y una red de colaboración entre municipios, artistas y personas vinculadas con el proyecto.

La décima edición termina así en Neda después de cinco días de programación y deja atrás un aniversario en el que Jazz de Ría volvió a utilizar el paisaje de la Costa Ártabra como una parte más de sus escenarios.

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