El Gran Reemplazo

por Sixto Gómez Echemendía

Sixto Gómez Echemendía | Algunos líderes europeos comienzan a advertir ahora lo que hace tiempo algunos ya sospechábamos: existe un maquiavélico plan por parte del actual Gobierno de España para  sustituir a la población autóctona por población foránea.

Y sé que muchos después de este artículo me odiarán a muerte y hasta dirán que qué sentido tiene siendo yo mismo inmigrante (aunque no lo sienta como tal) tirar piedras sobre mi propio tejado. Permitidme, sin embargo, que explique mi punto de vista.

Según el Instituto Nacional de Estadística, la población nacida en España disminuiría paulatinamente y pasaría de significar el 81,9% del total actualmente, al 61,0% dentro de 50 años, concretamente entre 2024 y 2074, lo que podéis comprobar fácilmente accediendo a la página oficial del citado instituto. Esto vendría a contrarrestar al crecimiento vegetativo natural de la población española autóctona.

Y me diréis que al fin de cuentas no es para alarmarse tanto, ya que el porcentaje de nacidos en España seguiría siendo mayor que el resto. Lo que estas proyecciones no tienen en cuenta es el porcentaje de personas que dentro de ese 61% nativo sería descendiente de primera, segunda o tercera generación que seguirían manteniendo las costumbres y el estilo de vida de sus países de orígenes. Y tampoco creo que las proyecciones tengan en cuenta el siniestro plan del Presidente del Gobierno para acabar con la población española autóctona.

Poco se sabe de los famosos 163.000 nacionalizados por la “Ley de Nietos” a los que el Tribunal Supremo ordenó sacar del censo electoral, aunque todos sepamos que el Gobierno alegará que no cuenta con los medios suficientes para hacerlo y al final hará caso omiso de esta sentencia. Pero la cuestión no es esa, sino que esos 163.000 en realidad me temo que son muchos más.

Si mi memoria no me falla, y creo que en esta ocasión no lo hace, porque tengo una memoria selectiva infalible y este asunto me interesa particularmente, cuando se aprobó la comunmente llamada “Ley de Nietos” los consulados estaban esperando las instrucciones del Ministerio de Justicia como agua de mayo, lo que se resolvió con las instrucciones de Sofía Puente, la hermana de Óscar Puente, asunto del que seguramente todos habréis oído hablar. Lo que no escucho en los medios es lo que voy a contar a continuación.

No es que se presumiera que todos los descendientes de emigrados entre 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955 podrían optar por la nacionalidad española al amparo de la Ley, sino que la “Ley de Nietos” se convirtió rápidamente en la “Ley de Bisnietos” y hasta en la de tataranietos, ya que no solo se aprobaba la ciudadanía al que probara que su abuelo o lo que fuera emigró en el período antes citado, sino que también se abrió la puerta a cualquiera que pudiera demostrar que tenía un abuelo o abuela que originariamente hubiera sido español. Porque la Ley decía en primer lugar que podrían adquirir la nacionalidad “los nacidos fuera de España de padre o madre, abuelo o abuela, que originalmente hubieran sido español” y solo después se mencionaba a los exiliados.

Entonces, habiendo quedado claro que cualquiera que demostrara que tenía un abuelo o abuela que “originariamente” hubiera sido español, aunque ese abuelo o abuela tampoco hubiera nacido en España, podría nacionalizarse español, me pregunto qué mueve a Pedro Sánchez a impulsar todo esto. A fin de cuentas él es español nacido en España de padres españoles, o al menos eso creemos (no vaya a ser que haya cambiado de opinión). Yo diría que la causa primera de todo es su infinita ambición de poder ligada a un sólido conocimiento de la Historia.

Sánchez conoce muy bien lo que occurrió en el Imperio romano de Occcidente con la incorporación de pueblos germánicos al ejército y al territorio imperial coincidió con guerras civiles, presiones fronterizas, dificultades fiscales y una profunda transformación política, hasta su caída en 476. También lo que ocurre ahora en la Francia de Macron con la inmigración procedente del Norte de África y la concentración residencial en ciertas periferias urbanas. Y no se nos olvide que estamos ante un personajee sumamente astuto y capaz de hacer cualquier cosa por prolongar su estancia en la Moncloa.

Ya que he mencionado a Francia, voy a aclarar los antecedentes del título de este artículo. Fue Renaud Camus quien popularizó la expresión Le Grand Remplacement, título de su libro de 2011. Su tesis interpreta la inmigración y los cambios culturales como una sustitución de la población europea, atribuida a mecanismos impulsados por las élites. En los últimos años políticos franceses como Éric Zemmour han utilizado su tesis para crear partidos políticos como La Reconquête, que pretenden revertir la situación, aunque sin mucho éxito en las pasadas elecciones presidenciales francesas. Veremos lo que ocurrirá 2027, cuando una Marine Le Pen apoyada por Jordan Bardella se enfrente a Mélenchon en la Segunda Vuelta.

Pero a lo que nos ocupa. El “Gran Reemplazo” ya está en marcha y es de momento imparable. Quizá muchos españoles se queden como la famosa Familia d’Esgrignon de Honoré Balzac en Le Cabinet des Antiques, que, incapaz de adaptarse a la metamorfosis de una sociedad dominada cada vez más por el dinero y la burguesía, seguía empeñada en preservar sus tradiciones.

Talvez en diez, veinte o treinta años, como diría Alfonso Guerra, “A España no la va a reconocer ni la madre que la parió”.

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