El 6 de octubre de 1849 la corbeta “Ferrolana” zarpa de Cádiz para dar la vuelta al mundo

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José María Blanco Núñez | Tras el deplorable estado en que quedó la Real Armada terminada la guerra de la Independencia, el estallido de la primera carlista obligó a “resucitarla”.

Ya en plena guerra carlista (1836), cuando el vapor empezaba a desplazar a la vela, se retomó la construcción naval, pero con tecnología y características correspondientes al siglo anterior (en Ferrol: fragatas “Las Cortes” y “Cristina”, navío “Isabel II”). Pero enseguida llegó de nuevo el paro y la miseria a sus maestranzas.

Y así hasta 1848, tiempos del gran ministro de Marina, el marqués de Molins, que ordenó construir en Esteiro la corbeta “Ferrolana” (según la clasificación anterior debería ser fragata, pero como estas últimas habían aumentado de tonelaje, se empezaban a construir en hierro y se había mejorado su artillería, la rebajaron a corbeta).

La “Ferrolana” se construyó según los planos de la corbeta “Villa de Bilbao” (botada en Inglaterra en 1846), desplazaba 180 Tons, tenía 48,46 m. de eslora, 13 m. de manga y 6 m. de puntal. Dotada de tres palos y bauprés, montaba 32 cañones.: Botada en 1848, fue entregada en diciembre del mismo año.

Mandada por el capitán de navío D. José María Quesada y Bardalonga, dio la vuelta al mundo, entre otras cosas para complacer los deseos de Dña. Isabel II que había ofrecido al Papa transportar gratuitamente una misión de benedictinos a Puerto Victoria (Australia), donde su prior, el tudense padre Rosendo Salvado, levantará, cerca de Perth, la de Nueva Nursia que continúa hoy en día su misión evangelizadora, y quizás haya sido el responsable de la introducción en España de los eucaliptos.

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