Un bar lleno, un futbolín, tres monedas apoyadas en la ranura de madera de la mesa y un grupo de amigos con las mismas camisetas alrededor de la reliquia futbolera del bar

Un año más se ha celebrado este sábado 29 de agosto en el Camping Fontesín de Meirás (ayuntamiento de Valdoviño) el campeonato de futbolín que, de nuevo, ha conseguido atraer la mirada de los más jóvenes en el camping y de los que han vuelto con el objetivo de desafiar la muñeca del vecino, que en ese momento deja de serlo y se convierten uno en el Messi y el otro en el Ronaldo del futbolín.
Los más pequeños ocupaban las butacas altas, los que no estaban inscriptos al campeonato animaban a los vecinos y amigos que sí que lo estaban y estos últimos, con una mano se aseguraban de que el engrasado del mango del futbolín estuviera en el estado perfecto, con la otra, contaban las bolas que entraban en la portería ajena y con la boca simplemente pedían otra cervecita bien fría mientras esperaban a que les tocase ocupar su puesto en los mandos de la defensa o por el contrario en los del portero.

Las pelotas seguían recorriendo el campo y chocaban con los “jugadores” entre el sonido de la mesa. Las rondas seguían avanzando, dejando ya fuera del campeonato a aquellos que no habían tenido tanta suerte pues hasta hubo hueco para goles que: casi entraban en portería ajena, pero que simplemente rebotaban, recorrían de nuevo todo el campo esquivando a los jugadores y para cuando les daba tiempo a reaccionar, la pelota ya había entrado en su propia portería, increíble pero cierto.
Llegando a las últimas rondas se cerraba un año más el campeonato, entre risas, nuevos momentos que comentar y dos nuevos ganadores, aunque no tan nuevos pues ya lo son por partida doble.
Así, se despedían de esta nueva tradición que parece querer asentarse en los veranos en el pueblo de Meirás, una tradición que divierte a todo aquel que participe en el juego o el que se acerque a verlo y que parece estar reviviendo a este clásico juego de los bares, pues ya los más pequeños se asoman a la mesa y piden una moneda a sus padres, que probablemente se les quede atrancada y que seguramente sea el dueño del bar el que tenga que sacarla y ayudar a que las bolas estén preparadas para salir a la cancha y que de esta forma, pueda empezar una nueva e interesante partida de futbolín.